El viceministro de Desarrollo Agropecuario, José Aníbal Rincón, visitó Bufalina Ailigandí, una finca productora de búfalos ubicada en Yaviza, Darién, donde reconoció el esfuerzo diario de los propietarios de la finca y de su planta de quesos.
Durante su visita destacó que se trata de la “primera certificación agroindustrial” en esta provincia sobre este rubro. Este logro confirma que el sector no solo tiene potencial productivo, sino también capacidad para avanzar hacia la formalización agroindustrial.
En ese contexto, la experiencia de Bufalina Ailigandí representa una oportunidad valiosa para impulsar una cadena de producción más completa, eficiente y rentable, indicó el viceministro.

La propiedad cuenta con 1,500 cabezas de ganado, en cuya planta se procesa la leche para la elaboración de quesos y yogur griego; además de 2,500 hectáreas de arroz.
La leche de búfala posee características muy apreciadas por la industria alimentaria: mayor contenido de sólidos, buena capacidad de transformación y alto rendimiento en productos como queso, yogur, crema y otros derivados. Por ello, hablar de producción bufalina no debe limitarse al ordeño, sino a un sistema integral capaz de generar empleo, ingresos, innovación y desarrollo local.
La provincia de Darién se ha consolidado como una zona estratégica para la producción bufalina en Panamá y se ha convertido en la segunda provincia con mayor población de búfalos. En los últimos años, el MIDA ha reconocido el crecimiento sostenido de esta actividad y brinda acompañamiento mediante asistencia técnica.
Darién dispone de agrupaciones y productores organizados, inventarios importantes de búfalos y experiencias concretas de procesamiento de leche y elaboración de derivados, como el queso de búfala.


La primera fase de la producción de leche de búfala comprende todo lo relacionado con la cría, el manejo, la alimentación, la sanidad y el ordeño del animal. Esta etapa inicia con la organización de los hatos, el mejoramiento genético, el control sanitario, la disponibilidad de pasturas y agua y la aplicación de buenas prácticas de manejo.
En Darién, esta fase es especialmente importante porque las condiciones tropicales, la abundancia de áreas aptas para la ganadería y la capacidad adaptativa del búfalo otorgan ventajas a esta especie frente a otros sistemas pecuarios.
En esta primera etapa, el trabajo del productor es fundamental para garantizar una leche limpia, segura y constante. La calidad del alimento, el control de enfermedades, la higiene en el ordeño y el bienestar animal determinan no solo el volumen de producción, sino también la posibilidad de colocar esa leche en mercados más exigentes.
En el caso de Darién, donde el servicio veterinario y la asistencia técnica del MIDA desempeñan un papel decisivo, la sanidad animal y la trazabilidad constituyen componentes estratégicos para sostener el crecimiento de la actividad bufalina.

Por su parte, la segunda fase, explica Rincón, corresponde a la transformación, la agregación de valor y la comercialización de la leche de búfala. Aquí es donde la producción deja de ser solamente materia prima y se convierte en un producto industrializable, con mayor vida útil, mejor presentación y mayor valor económico.
Esta fase incluye el acopio, el enfriamiento, el procesamiento, el envasado, la certificación sanitaria, el etiquetado y la distribución de derivados como queso, yogur, leche pasteurizada y otros alimentos.
En Bufalina Ailigandí y en experiencias similares de Darién, esta segunda fase es la que puede marcar la diferencia entre una actividad de subsistencia y una verdadera industria agroalimentaria.
